El Comienzo

EL COMIENZO


Todo empezó en un salón, cualquiera y escritorios ordenados, donde ninguna de nosotras se conocía. Era el primer día, y el ambiente se sentía un poco incómodo, como suele suceder cuando te enfrentas a algo nuevo. Nadie sabía quiénes serían esas personas con las que compartiríamos los próximos años de nuestra vida.

Nos presentamos, algunas con timidez, otras con más confianza, pero todas un poco perdidas. Nuestras vidas se cruzaron en ese momento, aunque en ese instante no lo sabíamos. Al principio, no éramos cercanas a nadie. Éramos simplemente un grupo de chicas que compartíamos un espacio y un horario, pero cada una con su propio mundo, sus propios pensamientos.

Los primeros días fueron así, descubriendo los nombres, tratando de ubicarnos y acostumbrarnos a ese nuevo ambiente. Al principio, las conversaciones eran cortas, quizás un “hola” al cruzarnos, o una charla rápida sobre las clases o los profesores. 


 Sin darnos cuenta, poco a poco, esas barreras empezaron a desvanecerse. No fue un momento mágico ni un evento extraordinario. Fue más bien el resultado de pequeñas cosas: una sonrisa compartida durante una clase difícil, un chiste en medio de una explicación confusa, o una charla rápida en los pasillos sobre algún tema común. Esos pequeños gestos comenzaron a tejer una red de confianza y compañerismo entre nosotras, como hilos invisibles que nos iban uniendo lentamente.

Recuerdo cómo, al principio, hablábamos solo de lo necesario. Preguntas sobre las clases, dudas sobre las tareas, o comentarios sobre los exámenes que se acercaban. Pero, gradualmente, las conversaciones empezaron a cambiar de tono. De hablar de temas académicos, pasamos a compartir detalles personales, pequeñas anécdotas de nuestras vidas, sueños, inquietudes. Y fue en ese momento, en esas pequeñas charlas, cuando empezamos a conectar de verdad.



Aún no éramos el grupo unido que somos ahora, pero las bases estaban allí. Cada día, el salón se volvía un poco menos frío y un poco más cálido. Ya no éramos solo desconocidas compartiendo un espacio. Estábamos comenzando a conocernos de verdad, a descubrir las personalidades detrás de cada cara, los sueños detrás de cada sonrisa. Y eso hizo que, poco a poco, nos fuéramos acercando

.Lo más bonito es que todo surgió de manera natural. No hubo presiones ni expectativas. Simplemente fue sucediendo. Empezamos a quedarnos después de clase para platicar, a compartir risas en los pasillos, a ayudarnos mutuamente con los proyectos y las tareas. Esos momentos fueron los que nos unieron. Momentos sencillos, pero que significaron tanto, porque fue ahí donde comenzamos a formar algo más grande: una amistad.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Momentos en 4to MEIBI